Los cospeles o discos metálicos para la posterior acuñación de moneda comenzaron a fabricarse en Ibagué en 1982. En esta factoría se acuñan todas las monedas del país desde 1987 y se fabrican cospeles para otros países como Chile y España.
La primera parte del proceso consiste en la fundición de diferentes metales para conseguir la aleación deseada. Para las monedas plateadas se mezcla cobre, níquel y zinc (alpaca) mientras que para las doradas se crea una aleación de aluminio, níquel y cobre (cualní). Estos materiales se funden a una temperatura de unos 1500 grados Celsius para después formar unos enormes rollos de cualní y alpaca.
Estos rollos son laminados para obtener el grosor deseado (1,17 mm para la moneda de 50 COP) para su posterior cortado y troquelado. Una vez cortadas, las futuras monedas para por un proceso de pulido de bordes y un segundo proceso de cocción, obteniendo así la dureza buscada.
Para eliminar y proteger del óxido, los cospeles se lavan en una mezcla de ácido sulfúrico, agua desionizada y detergente. Después de un riguroso control de calidad, los cospeles son acuñados para así convertirse en monedas. Para las monedas bicolor, se deben unir el cualní y la alpaca para obtener el resultado final. Después de este proceso de troquelado y diseño, las monedas son transportadas a tesorería para su posterior circulación.
Según la exposición que visité durante estos días en la biblioteca Luis Ángel Arango y como curiosidad final, en los últimos 10 años la moneda más producida ha sido la de 500 COP mientras que la de mayor circulación ha sido la de 100 COP.
Para saber más sobre las nuevas monedas colombianas que comenzaron a circular en junio de 2012, podéis leer este post. Para saber como se hacen los billetes colombianos podéis leer este otro post.

