Una de las huellas arqueológicas más extraordinarias y menos conocidas por los turistas que visitan Colombia se encuentra en estas marcas perfiladas sobre su suelo.
Los zenú o sinú fueron un pueblo que se asentó en el litoral Caribe colombiano hace miles de años y que dejó una memoria artística y cultural que aún perdura en nuestros días. Este pueblo basó parte de su economía en la agricultura, pieza fundamental para su propia continuidad, y para ello creó una inmensa red de canales con el fin de controlar los cultivos y abastecer de agua sus plantaciones.
Más de 500.000 hectáreas dispuestas para regular la crecida del agua anual, trasladando los remanentes de los canales más amplios hacia las ciénagas faltas de agua. Esos mismos canales eran limpiados al bajar el agua para luego cultivar sobre ellos. Esta especie de drenaje sirvió para controlar las inundaciones y subidas causadas por la lluvia y para disponer de la misma en amplias zonas de cultivo, con el fin de poder abastecerse de alimentos durante todo el año.
Estos conductos estuvieron en funcionamiento por más de 2.000 años y aún pueden apreciarse sus marcas en el suelo.
En la foto podéis ver como resaltan las elevaciones entre canal y canal (camellones) que todavía conservan su apariencia y configuración inicial. Como si de vasos comunicantes se tratara, canales más grandes y llenos de agua abastecían de ésta a los más pequeños, generando además una tierra muy rica en nutrientes y sedimentos propicios para el cultivo.
El Museo del Oro dedica estos días una pequeña exposición sobre el tema en el último piso del edificio. Muy recomendable 🙂 También os recomiendo que visitéis esta galería de Flickr propiedad del museo ¡las fotos de los canales son espectaculares!

