Esta historia es originaria de la zona norte de Colombia o región costeña, concretamente de un departamento cercano al río Magdalena.
El relato cuenta que había un hombre que muy frecuentemente viajaba por la zona conocida como Plato que se dedicaba al comercio de alimentos. Tenía fama de ser un gran vendedor y de rodear toda la venta de sus productos con un aura de misterio y exclusividad envidiables. La gente que le compraba quedaba convencida de estar tomándose una fruta o una verdura con propiedades cuasi mágicas.
La verdadera historia comienza –como casi siempre- cuando el vendedor conoce a una bella mulata y surge entre ellos un amor a primera vista que, obviamente, era mal visto por el padre de la muchacha. Ella, junto a otras chicas se reunían para bañarse en un río cercano, restringido para el uso femenino y dividido con el masculino por una gran corriente de agua que impedía el paso a cualquier experto nadador.
La leyenda reza que el vendedor se convertía en caimán para poder nadar junto a la bella muchacha y que el padre, furioso, localizó el lugar en el que se reunían para dar caza al vendedor. Éste, muy astuto, se dio cuenta de sus intenciones y como caimán devoró el barco del progenitor para finalmente llevarse a su amada y no volver a aparecer jamás.
Esta es una de las muchas versiones de la leyenda del caimán en la que se inspiró la famosa canción “Se va el Caimán” de Jose Luis Peñaranda.
Otra de las leyendas cuenta que realmente este hombre era todo un voyeur, con la mala costumbre de espiar a las mujeres desnudas cuando se bañaban en el río y eso, finalmente, le condenó a convertir su cuerpo en el de un caimán dejándole la cabeza de aspecto humano.

