La visita a la isla de Koh Lanta mereció mucho la pena, sobre todo para reponer fuerzas y descansar, que es lo que se supone que uno hace cuando está de vacaciones…
Ya os lo había comentado. En estas fechas (agosto-septiembre) siempre existe el riesgo de que llueva y se estropee tu estancia en la playa. Aún así, Ko Lanta es el lugar perfecto para relajarse y disfrutar de la hospitalidad y los precios thais.
A unos 20 km en barco desde Ko Phi Phi (esta ruta sólo se hace en temporada alta) e idem desde Krabi; cuando llegamos estaba cayendo un buen chaparrón. Eso no quitó para que fuera difícil encontrar un hotel. Todo lo contrario. La gente que trabaja en los apartamentos y resorts sale a la calle, te buscan y te ofrecen buenas ofertas por estar en temporada baja. Nosotros encontramos un bungalow con piscina por 200 baths, unos 4 euros aproximadamente.
En los días de lluvia poco se puede hacer; pero los días que hizo buen tiempo no nos alejamos mucho de la piscina 😉 Para comer tampoco se nos dio muy mal la cosa. Cenamos en un restaurante con buffet libre de marisco, carne y ensaladas por 99 baths (unos dos euros). Un día también tocó seguir nuestra vieja costumbre de alquilar una moto para recorrer la isla. Ese día visitamos el pueblo y las playas del sur, que son menos conocidas y más salvajes. El caso es que el aire hippy y los buenos precios de la zona nos dejaron con ganas de volver alguna otra vez.

