Después de un par de días visitando templos en Luang Prabang y con lluvia prácticamente todo el día, decidimos seguir nuestra ruta hacia el norte, combinando slowboat por el Mekong y carretera de montaña, dirección a Hongsa, un pequeño pueblo conocido por usar elefantes para trabajar en la jungla y tener un proyecto del gobierno francés para su cuidado y protección.
El problema fue llegar hasta allí. Después de 8 horas de viaje el barco nos dejó alejados del puerto. Estaba todo tan inundado por las lluvias que no podía atracar por miedo a chocar contra alguno de los tejados de las casas que estaban totalmente anegados. Nos bajamos del barco en medio de la jungla, como a un par de kilómetros del pueblo. Cuando llegamos, contratamos un servicio de 4×4 para subir a Hongsa.
Las lluvias habian dejado todo el camino casi impracticable con algunos surcos de barro que te llegaban hasta las rodillas. Los off road subían de dos en dos, para tirar el uno del otro en caso de quedarse atrapados entre el fango.
Menuda aventura, digna del Camel Trophy. Solo deciros que hicimos los 30 kilómetros que nos separaban de Hongsa en más de 2 horas, y con unas vistas de los acantilados que quitaban la respiración. Al día siguiente, nos levantamos con más y más lluvia. Tuvimos que volver de vuelta al puerto y quedarnos sin ver a los elefantes.
Otras dos horas de bajada en 4×4 e intentar contratar un speedboat para llegar a la frontera de Laos con Tailandia antes de las seis de la tarde (hora que cierran el paso entre los dos países).
En ese momento comenzó la cuenta atrás. Cogimos un speedboat (4 veces el precio del slowboat) pensando que sería una buena experiencia, muy a lo James Bond. A los 5 minutos de estar en el barco empezó la lluvia y nosotros en camiseta y sin chubasquero. La lluvia de los países tropicales no se parece mucho a la que estamos acostumbrados en España. Llovía a mares y a más de 100 km por hora y sin algo con lo que cubrirte, hace daño y te deja congelado.
Hicimos 3 paradas de media hora en lo alto del río, sin saber por qué. Ni los conductores ni prácticamente nadie hablaba inglés y no nos podían decir cuanto tiempo estaríamos parados y si llegaríamos a tiempo a la frontera. Estábamos empapados, chorreando, esperando que la lluvia parara… pero no paró y llegamos a la frontera completamente encharcados a las 17:50h, con tan solo 10 minutos para atravesarla.




