Hoi an nos gustó todavia más que Hué. La ciudad antigua de Hoi an se conserva intacta (todo un milagro después de la guerra) y parte de ella esta cerrada al tráfico, por lo que es perfecta para pasear o montar en bicicleta.
Se pueden hacer un montón de actividades. Ver como trabajan los artesanos de la madera, la pintura o la cerámica, hacer una excursión por el río, alquilar una bici para ir a la playa (5 km. en llano) o encargarle un traje a un sastre. Alicia se hizo una falda por 80.000 dongs (3€ – 5$). Eliges la tela, el corte que quieres, te toman medidas y listo! si el sastre no está muy liado, a las 5 o 6 horas pasas a recogerlo.
Pasear por sus calles es todo un placer. Muchos de los edificios de madera son de la primera mitad del siglo XIX o incluso anteriores, por lo que en algunos barrios parece que te trasladas en el tiempo a unos siglos atrás.
Por otra parte, el Gobierno se a tomado en serio su conservación, y la restauración de las casas está sujeta a un montón de permisos y normas estéticas obligatorias. Se puede hacer una visita guiada a una casa por un máximo de 3$. Aunque nosotros no la hicimos, es una actividad muy recomendable.


