Granada y León son dos de las ciudades coloniales estrella de Nicaragua. Mucha gente dice que León es la ciudad liberal, mientras que Granada es más conservadora, aunque en mi corta estancia no pude apreciar ninguno de esos matices.
En Granada, como en casi todas la ciudades de tamaño medio de Latinoamérica, todo gira alrededor de la Plaza Central, lugar donde también se encuentran la Alcaldía y la Catedral. Alrededor nos encontramos con otros edificios de importancia histórica, algunos en mejor estado que otros, pero que aportan un aire relajado y colonial a la ciudad.
Uno de los que se encuentra ahora mismo en restauración es el Palacio de Acoyapa, que sufrió graves incendios en 1856 provocados por William Walker, un estadounidense que trató sucesivas veces de apropiarse de Nicaragua y que finalmente murió fusilado en Honduras. Nombro a este personaje porque leyendo un poco más sobre él en la web, se cree que gracias a sus ataques a varios países latinos terminó surgiendo el concepto de América Latina, bonito ¿no?.
Otros monumentos interesantes que nos encontraremos en nuestro camino son el Colegio Diocesano en la avenida Guzmán, la Casa de los Leones, el Palacio Episcopal o la pintoresca Plaza de la Independencia, contigua al Parque/Plaza Central. Tampoco me quiero olvidar del Convento Museo de San Francisco, la iglesia más antigua de Centroamérica.
Pero sin duda lo mejor de Granada es el manejable tamaño de su centro de ciudad, lo que la hace perfecta para disfrutar de un agradable paseo y saborear una de las altamente recomendables cervezas locales -Toña o Victoria- en alguna de las terrazas ubicadas en la calle La Calzada o colindantes. Para los más perezosos o de los que gusten de una experiencia más exótica, alrededor de la plaza se dispone una fila de carruajes tirados por caballos que hacen paseos por la ciudad.



