El domingo pasado los alumnos de una de las clases de inglés de Apollo celebraban una cena en casa de uno de ellos y muy amablemente nos invitaron. Llegamos a su casa, sobre las siete de la tarde y ya lo tenían casi todo a punto. Nos dijeron que llevaban preparándolo todo desde las dos! menuda paliza! y como os podéis imaginar, había comida para un regimiento.
El caso es que los vietnamitas cuando hacen este tipo de eventos no escatiman en cantidad y en calidad. Me recuerda mucho a España en ese aspecto, que cuando hay que celebrar algo preparamos cantidades industriales de comida. También me recuerda a España en que te insisten e insisten para que comas y comas hasta que ya no puedas más.
El menú depende un poco del dinero que tengan y agárrense bien, porque estos son de los que tienen dinero. Al entrar en su casa ya te das cuenta. Cinco o seis motos aparcadas en la puerta, dos de ellas Vespa, una clásica (las más caras) y una nueva y un caserón de cuatro pisos para disfrutar.
La merienda-cena consistió, básicamente, en seis o siete platos de carne y verduras para enrollar con papel de arroz, pollo de granja cocido al estilo vietnamita, carne de cerdo, rollitos vietnamitas fritos, sopa, ensaladas, salsas y demás acompañamientos. Cuando el anfitrión (en este caso anfitriona) se sienta y tienes tu cuenco, tus palillos y tu cucharada sopera, ya puedes empezar.
Evidentemente, no puedes rechazar la comida que te pongan en tu cuenco, y cada vez que haya un brindis tienes que beber. Afortunadamente, no sirvieron vino de arroz (parecido al orujo español) porque sino es muy probable que salgas «a gatas» de la cena. La cosa terminó en dulce, con una macedonia de frutas exóticas regada con leche de soja y coco y una tarta de chocolate y crema que corrió de nuestra cuenta.

