Esto es algo que me ocurrió en diciembre del año pasado y que aún no había contado en el blog.
Cuando nuestro avión comenzó a aterrizar en el aeropuerto de Managua procedente de Miami, sentimos un ruido tremendo en uno de los costados del avión, quizás por el exceso de velocidad en el momento del descenso o por algo relacionado con la mecánica del tren de aterrizaje. No le dimos mayor importancia.
Parece que el problema asomó cuando el aparato comenzó a frenar y reducir su velocidad, momento en el que uno de los pasajeros notó fuego en el motor izquierdo de la aeronave y en el que algunos de los pasajeros entraron en pánico. Después de unos minutos eternos de incertidumbre, el piloto explicó que uno de los frenos del avión -precisamente el de el tren izquierdo- se había sobrecalentado, produciendo un reguero de llamas que había terminado afectando a uno de los motores.
A continuación nos esperaba la parte más dura del proceso, una larga espera de aislamiento en medio de la pista que terminaría cuando los bomberos apagasen las llamas y verificasen que el avión no corría riesgo de sufrir una explosión.
Afortunadamente todo fue bastante mejor de lo que esperábamos y en cosa de 15 minutos se examinó y resolvió el problema, permitiéndonos acceder a una de las puertas de llegada. De todo el susto solo tengo esta foto, algo borrosa, en la aparecen los bomberos vestidos con trajes ignífugos alejándose y con el avión ya fuera de peligro.
¡Menudo susto! Es una de esas situaciones en las que hay que tratar de mantener la calma, pero cuando muchos la pierden, parece que se convierte en un efecto bola de nieve que consigue generar mayor nerviosismo y cierto histerismo entre los pasajeros… ¿a vosotros os ha ocurrido algo parecido?

