De las 135 especies que existen en el país solo 17 son venenosas, por lo que no debemos asustarnos si nos encontramos con alguna de ellas en uno de nuestros trekkings. Después de mi paseo en el Rincón de la Vieja, aprendí algunos consejos y curiosidades sobre los ataques de serpiente en Costa Rica.
Evidentemente solo atacan por instinto, cuando intuyen una amenaza o se asustan por algún cambio en su entorno. De las 500 mordeduras anuales que se producen en el país, las tobobas son las causantes de la mayoría de ellas. Como siempre en estos casos –y aunque puede resultar muy complicado- es importante fijarse en la forma de la cabeza de la serpiente, no perder la calma y no aplicarse torniquetes, hielo u otros líquidos.
También hay que tener en cuenta que aunque el 70% de las mordeduras se producen de rodilla para abajo –de ahí la importancia de cubrir las piernas- y casi un 30% se producen en los brazos, por lo que se desaconseja introducir éstos en huecos de zonas agrestes.
Tipos de tobobas. Cascabel, bocaracá, mano de piedra, terciopelo o matabuey son algunas de ellas. Todas se caracterizan por tener la cabeza triangular y las pupilas verticales. El envenenamiento es rápido, produce muchísimo dolor y algo de sangrado en la zona. Lógicamente el único tratamiento efectivo es acudir al centro de atención más cercano y recibir una cura de suero antiofídico (prácticamente cualquier centro médico de Costa Rica o Parque Nacional están convenientemente preparados).
Tipos de Coral. Coralillo, gargantilla o coral “macho”. Este tipo de serpientes son más o menos venenosas según la forma de sus anillos y su coloración. Los efectos de su veneno se caracterizan por parálisis muscular y caída de párpados. Estos ataques deben ser tratados con suero anticoral.
Bueno, pues ya sabéis un poco más sobre el fascinante mundo de los ofidios, animales muy hermosos que rara vez atacan al ser humano.

