Después de hablar del vigorón, me gustaría mencionar dos platos de la gastronomía nicaragüense que me parecieron bastante interesantes.
Durante mi estancia en Masaya para la visita al volcán, me encontré con una curiosa modalidad de tacos servida en varios puestos callejeros de la zona del parque de San Jerónimo y las iglesias, en pleno corazón de la ciudad. El que más me llamó la atención fue “La Salle”, un puestecillo montado sobre un pequeño carro de tres ruedas especializado en la elaboración de tacos fritos o dorados (creo que los llaman así en México).
Estas “flautas” son realmente sabrosas y muy sencillas de hacer. Solo hay que enrollar una tortilla estilo mexicano con el relleno que gustes –en este caso pollo y verduras- y freirla hasta que todo el taco quede bien crocante. Se cubre de verduras finamente picadas (repollo, zanahoria, cebolla, etc), un poco de crema de queso, salsa de chile y voilá, tentempié listo para ser degustado.
El nacatamal. Este es un plato súper tradicional, típico de los sábados y domingos nicaragüenses, que se puede degustar a cualquier hora del día (yo me comí uno en el desayuno y me quedé bien a gusto). Básicamente es un tamal al más puro estilo de los que ya he probado en Colombia, salvo por el tamaño –el nacatamal suele ser mayor que algunos de los que he degustado por aquí- y por la manera de elaborar el relleno, en el que predomina el cerdo adobado en achiote, el chile congo (chiles verdes pequeñitos y bastante picantes) y la adicción de pasas o aceitunas.
Por lo demás, técnica, envoltorio e ingredientes básicos como el maíz o el arroz permanecen más o menos iguales… muy a grandes rasgos, claro, ya que la variedad de tamales tanto en Nicaragua como en Colombia es enoooorme.




