Para los que no sepan mucho sobre los Mayas, esta cultura tuvo su zenith entre el 200 AC hasta el 900 DC, terminando de una manera bastante misteriosa que dejó grandes ciudades abandonadas en la jungla durante siglos.
Precisamente ese encanto natural es el que hace de Tikal una visita tan especial. De todos los monumentos mayas es el que conserva el atractivo de haber estado literalmente cubierto por la jungla y en el que aún podemos disfrutar del avistamiento de monos, aves exóticas y demás fauna que hacen aún más apasionante la experiencia.
La historia Maya se divide en tres periodos: preclásico 1500 AD-250 DC, clásico 250-900 DC y postclásico 900-1500 DC. La civilización se caracterizó por una amplia red de ciudades que tuvieron mayor o menor importancia en diferentes momentos de la historia. Pirámides, grandes plazas rodeadas de edificios y algunas veces, los famosos juegos de pelota. Concretamente Tikal comenzó en el 700 AC en una zona en la que abundaba la piedra de calidad.

Creían en la existencia de 3 mundos. Los cielos, un mundo intermedio y un submundo interconectados por el mundo de los árboles, que extienden su copa y raíces entre los tres. En la foto una Ceiba, árbol nacional de Guatemala desde 1.955. Los Mayas lo consideraban el árbol sagrado de la vida, eje del mundo.
Visita. Tikal se puede ver perfectamente en un visita de un día aunque, si se dispone de tiempo suficiente se recomienda disfrutarla doblemente. Los grandes lugares a visitar son la Gran Plaza, con los templos I y II frente a frente y, siguiendo la calzada Tozzer, las majestuosas vistas del llamado “mar verde” selvático en lo alto del templo IV.
Templo I. El templo del Gran Jaguar y uno de los más fotogénicos. De 44 m. su cima alberga tres pequeñas habitaciones. El camino de subida lleva años cerrado.
Templo II. El templo de Las Máscaras es algo menor en altura que su compañero, pero se permite la subida.
Templo IV. Con sus 64 metros, es el segundo edificio más alto de la época Pre-Colombina en el hemisferio occidental y el mejor lugar para contemplar el amanecer y el atardecer.
A todo esto tenemos que sumarle multitud de templos y construcciones que componen las diversas acrópolis del complejo. A mi personalmente me gustó mucho la Gran Plaza y las vistas del templo IV pero también me decepcionó el estado de conservación de este último.
Para llegar hay diversas maneras, nosotros lo hicimos desde Flores, que se encuentra a unos 60 km de Tikal. Transporte ida y vuelta (sin contar la entrada a Tikal) unos 60 Quetzales.




