Singapur ha sido para nosotros la vuelta al Primer Mundo. Pero no al que ya conocemos, sino a un mundo sin atascos, sin ruidos, ordenado, limpio… al principio nos recordó a la peli «El show de Truman» en la que vive en un mundo perfecto e irreal, y porque una vez que sales de la ciudad no hay nada (es una isla).
Aparte de sus modernas carreteras, los rascacielos, los centros financieros y los numerosos e impolutos centros comerciales, todavía conserva esa magia de la época colonial y una increíble diversidad cultural en Chinatown, little India y little Arab.
Los edificios que parecen salidos de una ciudad de muñecas, pequeños y antiguos pero muy bien cuidados, contrastan con los rascacielos que construyen en cuanto un edificio se deteriora. Como ciudad cosmopolita que es, también nos ha recordado mucho a Londres y a NY pero con ese toque asiático y exótico.
Aparte del precio del alojamiento, que es parecido al de Europa, la comida y la ropa puede variar desde los precios irrisorios y las gangas hasta todo un dineral. Nosotros hemos disfrutado mucho con la comida china, la hindú y la malaya. En casi cualquier sitio puedes encontrar platos coreanos, thais, japoneses, hindúes, malayos y occidentales. Tienen centros de comida, a modo de centros comerciales, pero todo con diferentes restaurantes, para que puedas elegir el plato que más te apetezca y ver como te lo preparan en el momento.



